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Acné: ¿qué es y cómo combatirlo?

de Mag. Margit Weichselbraun
el 22.02.2023

Se cuela en el baile de graduación, en la foto de la orla y en el campamento de vacaciones: es el acné, que afecta a la mayoría de las personas durante la pubertad. Sin embargo, que esté muy extendido no significa que no podamos librarnos de él. Durante la pubertad al menos no estamos solos en esto de los granos, pústulas, etc. La cosa cambia cuando ya hemos superado la edad de tener granos pero el acné sigue brotando. ¿Es un caso aislado? ¡No! El acné afecta a más adultos de lo que se piensa. Pero, ¿de dónde viene y qué se puede hacer para combatirlo?

¿Qué es el acné?

Los granos tienen una mala costumbre: aparecen en el momento menos oportuno. Si los granos y puntos negros (poros obstruidos) estropean a menudo el aspecto de la piel, se habla de la enfermedad cutánea inflamatoria crónica del acné, que es una de las enfermedades de la piel más comunes en todo el mundo. Alrededor del 60-80 % de los adolescentes padecen acné, especialmente en la zona T de la cara (frente, nariz, barbilla). Y, aunque con menos frecuencia, los granos también pueden aparecer en la espalda y/o el pecho.

Un poco de historia:

El acné ya hacía acto de presencia en la antigua Roma. En aquella época, los granos y las imperfecciones de la piel se trataban con todo tipo de productos. El oficial y erudito romano Plinio el Viejo (23-29 d.C.) recomendaba una mezcla de mantequilla y plomo. Hoy en día nadie le haría caso…

¿Por qué aparece el acné? Las causas:

Cabello brillante, piel tersa: ¿qué haríamos sin el sebo nutritivo que aportan a diario nuestras glándulas sebáceas a la piel y al cabello? En cantidades normales es una fuente de belleza, pero un exceso de sebo surte el efecto contrario. La sobreproducción —especialmente en combinación con una cantidad excesiva de queratinocitos— obstruye los conductos excretores de las glándulas sebáceas con un tapón. Ciertas bacterias de la piel (especialmente la Propionibacterium acnes) encuentran condiciones óptimas de crecimiento en las secreciones de las glándulas sebáceas. El crecimiento explosivo de las bacterias y sus productos de desecho acaban provocando una inflamación que se manifiesta en forma de granos, pústulas y nódulos.

Acné vulgar: una cuestión de hormonas

La forma más frecuente de acné es el acné vulgar, también llamado “acné común”. Suele aparecer durante los cambios hormonales. Algunos padres observan cómo la piel aparentemente impecable de sus hijos desarrolla puntos negros y granos casi de la noche a la mañana. Los culpables son las hormonas sexuales masculinas (andrógenos) y el factor de crecimiento (GH), que hacen que las glándulas sebáceas se agranden y aumenten la producción de sebo. Los andrógenos —como muchos sospecharán— no solo los producen los hombres; también, aunque en menor medida, las mujeres, especialmente durante la pubertad. Además de los propios andrógenos circulantes, las glándulas sebáceas hipersensibles a estas hormonas también pueden desencadenar el acné.

No solo en la pubertad

Los granos no se limitan a la adolescencia, sino que también se hacen notar durante los cambios hormonales posteriores. Por ejemplo, durante la menstruación, el embarazo, la lactancia, la menopausia o al dejar la píldora anticonceptiva. Además, las hormonas del estrés, el cortisol y la adrenalina, así como la insulina, que reduce el azúcar en la sangre, también pueden provocar la hiperactividad de las glándulas sebáceas y el acné. Los estudios demuestran que la mente (por ejemplo, el estrés y la tensión) y una predisposición hereditaria también favorecen la aparición del acné. Además, ciertos productos o medicamentos estimulan la producción de sebo y contribuyen a la obstrucción de los poros.

Medicamentos que favorecen la aparición del acné:

  • Corticosteroides (cortisona)
  • Corticotropina
  • Antibióticos
  • Esteroides anabólicos
  • Psicofármacos
  • Somníferos y sedantes que contienen bromo

Manifestaciones del acné vulgar

Dependiendo de la gravedad, el acné vulgar puede dividirse en tres subtipos:

Acné leve (comedogénico):

Se caracteriza por la aparición de unos cuantos granos y puntos negros que afectan únicamente a la piel facial. Con esta forma leve, solo se produce una ligera inflamación, por lo que no hay que preocuparse por las cicatrices.

Acné moderado (papulopustuloso):

En la forma más común de acné vulgar. La piel afectada se llena de granos y pústulas muy visibles que no solo aparecen en la cara, sino también en la espalda. Si no se tocan, normalmente no dejan cicatrices.

Acné grave (conglobata):

La forma más grave del acné se caracteriza por numerosas pústulas e inflamación dolorosa. Los granos no solo se limitan a la cara, sino que también afectan al tronco. Las personas afectadas no deben intentar tratar la enfermedad por su cuenta, sino que deben buscar asistencia médica. De lo contrario, la inflamación profunda, que también actúa bajo la piel, puede dejar cicatrices muy visibles.

¿Qué otros tipos de acné existen?

Acné tardío/en la edad adulta

Granos, espinillas, imperfecciones: algunos adultos siguen sintiéndose como en la pubertad incluso con veinte y treinta y tantos años. A diferencia del acné puberal, el acné tardío afecta más a las mejillas, la barbilla, el cuello y la línea inferior de la mandíbula (zona U). Las causas del acné tardío son múltiples y su interacción aún no se ha investigado de forma concluyente. Al igual que el acné común, el acné tardío también se basa en cambios hormonales o desequilibrios físicos (por ejemplo, el ciclo menstrual, el embarazo, la interrupción de la píldora, la menopausia) que promueven la actividad de las glándulas sebáceas y la queratinización excesiva. Además, el estrés, la colonización microbiana en el intestino, la predisposición genética, el estilo de vida, los cosméticos y el consumo de tabaco también pueden influir.

Maskné

Antes el “maskné” solía ser una enfermedad profesional, pero ahora los problemas de la piel relacionados con la mascarilla están a la orden del día. Las mascarillas impiden que los coronavirus y otros patógenos entren en el cuerpo, pero su uso frecuente nos hace más propensos a sufrir acné. Esto puede deberse a los microdesgarros en la barrera cutánea causados por la fricción mecánica de las mascarillas. Estas lesiones pueden dejar pasar gérmenes y suciedad y, por tanto, provocar inflamación e imperfecciones. Las pieles que de por sí sufren acné tienen más probabilidades de reaccionar a la mascarilla con más granos aún. Más información sobre las mascarillas y cómo afectan a la piel 

Acné Mallorca (estival)

A pesar de su nombre, no hace falta estar en Mallorca para que te afecte este tipo de acné. Esta forma especial de alergia al sol suele producirse en primavera o a principios de verano, cuando la piel lleva mucho tiempo sin exponerse a la luz solar, y suele darse en personas con tendencia al acné, las imperfecciones o la piel grasa. En este caso, la combinación de los rayos UVA y los componentes grasos de la piel o los productos cosméticos (por ejemplo, la protección solar) provoca reacciones inflamatorias en los folículos pilosos. Las típicas pápulas, pústulas y rojeces suelen ir asociadas a un intenso picor.

Acné neonatal

El acné neonatal es una erupción cutánea inofensiva que aparece en las primeras semanas después del nacimiento y suele desaparecer por sí sola. Se debe a las hormonas de la madre, a las que el bebé estuvo expuesto durante el embarazo y cuyo suministro se interrumpe bruscamente tras el nacimiento. Como resultado, la sensible piel del bebé reacciona con granos.

Acné inverso

El acné inverso es una enfermedad crónica de la piel difícil de tratar que suele aparecer en los primeros años de la edad adulta y cursa por episodios. Produce bloqueos dolorosos del canal capilar, especialmente en la zona axilar y genital. Los nódulos cutáneos, persistentes y muy enrojecidos, también pueden convertirse en abscesos encapsulados que pueden llegar a fusionarse en profundidad y abrirse al exterior. Las recurrentes molestias no solo merman físicamente la salud de los afectados, también psicológicamente.

Acné fúngico

En el acné fúngico no son las bacterias, sino los hongos los que causan el problema en la piel. Este fenómeno lo provoca la levadura Malassezia, que es natural y forma parte de nuestra flora cutánea. Los investigadores sospechan que el hongo coloniza en exceso la piel de quienes sufren acné fúngico y penetra en las capas más profundas. En estos “rincones”, los hongos pueden provocar reacciones cutáneas desagradables. Sobre todo en la frente, aparecen pápulas que pican y no están rellenas ni se pueden reventar. También pueden extenderse a las mejillas y, a veces, alcanzar el pecho y la espalda. Para detectar una posible infección por Malassezia, debe obtenerse asistencia médica.

Combatir el acné vulgar: ¿qué podemos hacer?

Es algo que mucha gente se pregunta, pero no existe ningún remedio universal. Dependiendo de la causa, la forma y el tipo de piel, hay diferentes medidas que se pueden tomar para acabar con el acné. En el caso de las formas más leves, un cambio en la dieta, el cuidado adecuado de la piel y ciertos tratamientos cosméticos especiales (por ejemplo, procedimientos de drenaje y extracción) pueden surtir efecto. Para las formas más graves es importante buscar atención médica. Dependiendo de la causa y de la forma, se pueden tomar medidas terapéuticas con peelings de ácido salicílico o de ácido de frutas, y posiblemente también con antibióticos o retinoides.

Retinoides

En el caso del acné grave, los dermatólogos pueden recomendar un retinoide (derivado de la vitamina A) para el tratamiento externo del acné. Los retinoides favorecen la descamación de la piel y permiten el drenaje del sebo. Algunos de estos preparados también combaten la inflamación. En casos graves, el médico puede recetar también isotretinoína. Este medicamento, que se administra por vía oral, reduce la formación de sebo, tiene un efecto antiinflamatorio y reduce los puntos negros. Pero hay que tener cuidado: ni los retinoides ni la isotretinoína son aptos durante el embarazo y la lactancia.

Acné y nutrición

“Somos lo que comemos”. Este dicho nos suena a todos. Y en lo relativo a la piel es aún más acertado. Cada vez más estudios confirman lo que los afectados sospechan desde hace tiempo: las golosinas y otros alimentos que tienen un fuerte efecto sobre nuestro nivel de azúcar en sangre favorecen la aparición de granos. Estos alimentos de alto contenido glucémico provocan un aumento de las secreciones de insulina, que, a su vez, estimulan indirectamente la formación de andrógenos. Las hormonas sexuales son, en última instancia, las que favorecen la producción de sebo y queratinocitos y provocan la aparición de granos.

Los estudios demuestran que los productos lácteos también provocan acné en cierta medida al aumentar la liberación del factor de crecimiento IGF-1, que favorece la producción de queratinocitos y estimula las glándulas sebáceas. En cambio, el consumo de ácidos grasos Omega 3 en forma de pescado y aceites vegetales de gran valor tiene un efecto beneficioso.

Remedios caseros contra el acné

Rodajas de pepino para los ojos cansados, vinagre de manzana para el cabello sin brillo, aceite de oliva para las uñas quebradizas: la lista de trucos de belleza de la abuela es larga, y la de trucos para el acné no va a ser menos:

Aceite del árbol del té: No siempre hay que tirar de química para tratas las imperfecciones de la piel. El aceite del árbol del té, que tiene un efecto antibacteriano natural, se aplica directamente sobre las zonas de la piel afectadas para combatir los granos.

Baños de vapor con manzanilla: Los baños de vapor faciales no son solo para los resfriados. Este remedio ancestral también se recomienda para el acné. Y es que un baño de vapor con manzanilla no solo abre los poros, también tiene un efecto antiinflamatorio.

Arcilla medicinal: Esta mezcla mineral usada desde tiempos inmemoriales es una receta secreta contra el acné. Para su uso cosmético, la arcilla medicinal se mezcla con agua y se aplica sobre la piel. Una vez que la arcilla se seca por completo, se lava bien la zona tratada. De esta forma eliminamos la grasa, el sebo y el exceso de descamación de la piel.

Zinc: El zinc también puede ayudar a combatir el acné. Este oligoelemento contribuye a la regulación del flujo de sebo, inhibe el crecimiento bacteriano y acelera la curación de las lesiones provocadas por el acné. Además, también puede aplicarse por fuera. Las pomadas de óxido de zinc secan los granos y combaten las bacterias.

En algunos casos, los remedios caseros pueden surtir efecto, pero tienen sus límites. Si la piel no solo no mejora, sino que empeora, es recomendable acudir al médico.

Refuerzo con micronutrientes

Además del zinc, existen otros micronutrientes que también pueden ser útiles para el acné. Los estudios han demostrado que en el transcurso del acné vulgar se forman más radicales nocivos que agravan la inflamación, mientras que el número de captadores de radicales propios del organismo (antioxidantes) va disminuyendo. Las personas que toman antioxidantes específicos (por ejemplo, vitamina C, betacaroteno o extracto de semilla de uva) pueden ayudar a su organismo a combatir el daño tisular. Para mitigar los procesos inflamatorios del acné, también es una buena idea tomar incienso, que tiene un efecto antiinflamatorio por naturaleza.

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Refuerzo de la flora intestinal con preparados probióticos o prebióticos

En investigaciones recientes se ha descubierto otro enfoque prometedor: existe una relación directa entre la flora intestinal y el acné que se manifiesta a través de una mayor permeabilidad intestinal. Por tanto, el refuerzo de la flora intestinal con preparados probióticos o prebióticos parece ser otro aspecto importante en el tratamiento del acné. Más información sobre la conexión entre el intestino y la salud de la piel

¿Cuánto tiempo tarda el acné en desaparecer?

Por desgracia, incluso los medicamentos más eficaces tardan en mejorar significativamente o eliminar el acné. Por lo general, los dermatólogos estiman un periodo de tratamiento de al menos doce semanas. Como las causas —por ejemplo, los cambios hormonales y la predisposición— no se eliminan con el tratamiento contra el acné, hay que seguir cuidando la piel según sus necesidades.

La enfermedad evoluciona de forma diferente en cada persona, por lo que ni siquiera los dermatólogos experimentados son capaces de dar un pronóstico exacto. La mayoría de los pacientes con acné vulgar dejan de sufrir este problema sobre los 20 años.  No obstante, también hay casos más persistentes y pacientes que solo desarrollan acné en la edad adulta. Además, puede reaparecer en determinadas circunstancias, como en situaciones de estrés o durante la menopausia.

Aunque los síntomas, como los puntos negros y los granos, disminuyan con el paso de los años, las condiciones físicas para que se dé un nuevo brote siguen siendo las mismas. Por lo tanto, el acné es un problema que siempre puede reaparecer si se dan las condiciones para ello (por ejemplo, estrés psicológico, mala alimentación, consumo de tabaco, interrupción de la píldora).

Conclusión

Por desgracia, nadie puede elegir si desarrolla o no acné a lo largo de su vida. Pero si lo sufres, no tienes que quedarte de brazos cruzados viendo cómo se te estropea la piel. Un cuidado adecuado, una buena alimentación, unos nutrientes o suplementos bien escogidos y algún que otro remedio casero (para las formas más leves) son la clave para mantener la piel con buen aspecto en todo momento. En los casos graves es importante acudir al dermatólogo.

Literatura del autor.

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