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¿Qué es el estrés?
El término «estrés» fue acuñado por el padre de la investigación moderna sobre el estrés, el médico húngaro-canadiense Hans Selye. Selye definió el estrés como una «reacción inespecífica del organismo ante su entorno y las exigencias a las que se ve sometido». Las exigencias en sí mismas no son nada malo. Pueden impulsarnos a dar lo mejor de nosotros mismos y ayudarnos a crecer. Por lo tanto, una vida totalmente libre de estrés y exigencias no es deseable. Nos perderíamos la sal de la vida en forma de estrés positivo (eustrés), el impulso interior y el caldo de cultivo para el crecimiento personal y las experiencias de éxito.
La vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio, hay que seguir en movimiento.
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Estrés crónico: cuando el estrés se convierte en un problema
Si el estrés es, por tanto, la sal de la vida, ¿por qué hay tanta gente que sufre de forma evidente a causa del estrés y sus consecuencias? Como ocurre con muchas cosas en la vida, en lo que respecta al estrés, todo depende de la dosis. Mientras que el estrés a corto plazo puede resultar estimulante (por ejemplo, en situaciones de examen), el estrés crónico carece de los periodos de descanso que tanto se necesitan. Cuando un estímulo externo o interno se percibe como desagradable o se tiene la sensación de no estar a la altura de una exigencia determinada, se trata de estrés en su forma negativa (distrés), que puede afectar a nuestra salud física y mental. No en vano se dice: «El estrés me revuelve el estómago», «Esto es para tirarse de los pelos» o «Primero tengo que digerirlo».
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Modelos de estrés y tipos de estrés
No todo el estrés es igual. Los científicos distinguen varios tipos de estrés que tienen diferentes efectos en nuestro cuerpo y nuestra mente:
Eustrés frente a distrés
Eustrés (estrés positivo) nos motiva y nos activa. Nos ayuda a superar retos y a dar lo mejor de nosotros mismos. Algunos ejemplos son un ascenso inminente, un proyecto emocionante o una competición importante.
Distrés (estrés negativo), por el contrario, nos abruma y puede provocar enfermedades. Surge cuando tenemos la sensación de no estar a la altura de las exigencias y no disponemos de estrategias de afrontamiento.
Las dimensiones del estrés
Estrés emocional: surge a raíz de conflictos interpersonales, problemas de pareja o una sobrecarga emocional.
Estrés mental: resulta de una sobrecarga cognitiva, como la saturación de información, situaciones de decisión complejas o la presión por rendir.
Estrés físico: se desencadena por cargas físicas como la falta de sueño, la enfermedad o el esfuerzo físico intenso.
Esta visión diferenciada nos ayuda a comprender que el estrés es más que una simple carga desagradable: también puede ser un importante catalizador para el crecimiento y el desarrollo.
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Síntomas típicos del estrés crónico
Pero, ¿cómo se puede reconocer el estrés perjudicial? Los siguientes síntomas pueden dar una pista al respecto:
Inquietud, tensión
Nerviosismo
Irritabilidad, ira
Cambios de humor, mal humor
Agotamiento
Problemas de concentración
Miedos
Insatisfacción
Tensiones, cefaleas tensionales
Erupciones cutáneas
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La reacción al estrés: un mecanismo de supervivencia en una sociedad competitiva
El estrés no es un fenómeno nuevo. Ya en la prehistoria, nuestro mecanismo de protección innato nos preparaba para la supervivencia en situaciones de peligro y estrés. Sin embargo, mientras que para nuestros antepasados se trataba de una cuestión de vida o muerte, hoy en día nos estresan otras cosas: las preocupaciones económicas, los plazos de entrega o el miedo al fracaso. El programa de supervivencia funcionaba entonces, al igual que hoy, según el mismo esquema: cuando un factor de estrés (estresante) actúa sobre el cuerpo, se liberan hormonas del estrés y todo el organismo se moviliza contra el «peligro inminente». Mientras que los sistemas que pueden dejarse de lado a corto plazo —como la libido, el sistema inmunológico o la digestión— se desactivan, otros sistemas se ponen en estado de alerta para huir o luchar: la respiración se acelera, el pulso y la presión arterial aumentan, el tono muscular y la irrigación sanguínea se intensifican, mientras que la sangre se coagula más rápido para estar preparada ante posibles lesiones.
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El proceso bioquímico del estrés: qué ocurre en el cuerpo
Cuando sufrimos estrés, nuestro cuerpo atraviesa un complejo proceso bioquímico que garantiza nuestra supervivencia:
Las tres fases de la respuesta al estrés (modelo del estrés de Hans Selye)
1. Fase de alarma:
Se liberan inmediatamente hormonas del estrés (adrenalina y noradrenalina)
Se activa el sistema nervioso simpático
Aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial
Se genera energía para huir o luchar
2. Fase de resistencia:
Producción de cortisol continuada
Movilización de las reservas de energía
Intento del cuerpo por adaptarse a la situación de estrés
Aumento del estado de alerta y del rendimiento
3. Fase de agotamiento:
Si el estrés persiste, los recursos del cuerpo se agotan
El sistema inmunológico se debilita
Mayor riesgo de padecer enfermedades físicas y mentales
Estos procesos bioquímicos explican por qué el estrés crónico puede ser tan peligroso para nuestra salud.
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¿Todo el mundo percibe el estrés de la misma manera?
Aunque las reacciones fisiológicas al estrés son las mismas en todas las personas, cada uno lo percibe de forma diferente. Mientras que algunos ya dicen: «¡No puedo más!», las personas con una alta resiliencia al estrés aguantan el tipo. Estas personas, que siempre se recuperan, hacen frente incluso a situaciones de estrés intenso y se recuperan de las consecuencias negativas con relativa rapidez.
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Causas del estrés: ¿qué provoca el estrés?
Aunque cada uno de nosotros tiene una percepción individual del estrés, existen ciertos factores estresantes que hacen que las hormonas del estrés se disparen en la mayoría de nosotros. Entre estos factores estresantes típicos se encuentran:
Conflictos en el ámbito laboral o privado
Plazos y presión por rendir
Multitarea
Abarrotamiento de información y necesidad de estar siempre localizable
Doble carga por el trabajo y la familia
Perfeccionismo
Enfermedades o fallecimientos en la familia
Divorcio o separación
Pérdida del empleo
Miedos o preocupaciones (sobre el futuro)
Falta de equilibrio entre el trabajo y la vida personal, poco tiempo libre
Sobrecarga sensorial
Un estilo de vida poco saludable
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Consecuencias para la salud del estrés crónico
Si bien el estrés a corto plazo no es perjudicial para nuestro organismo, el estrés crónico puede tener consecuencias devastadoras:
Consecuencias físicas
Enfermedades cardiovasculares: mayor riesgo de hipertensión e infarto de miocardio
Trastornos digestivos: problemas gastrointestinales, síndrome del intestino irritable
Debilitamiento del sistema inmunitario: mayor propensión a las infecciones
Trastornos hormonales: alteración del metabolismo
Dolor crónico: tensiones musculares, dolores de cabeza
Consecuencias psicológicas
Aparición de la depresión
Trastornos de ansiedad
Síndrome de burnout
Problemas de concentración y memoria
Trastornos del sueño
Consecuencias psicosociales
Problemas de pareja
Disminución del rendimiento laboral
Aislamiento social
Baja autoestima
La detección precoz y el apoyo profesional son fundamentales para romper este círculo vicioso.
Conclusión: El estrés es un fenómeno complejo que afecta a cada persona de manera diferente. Evitarlo por completo no es lo más importante, pero sí lo es saber gestionarlo adecuadamente. Conociendo los factores que lo provocan, las señales de alerta y las estrategias para gestionarlo, podemos aprender a lidiar con el estrés, aprovechar sus aspectos positivos y protegernos de sus efectos negativos.

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